martes, 24 de junio de 2014

La Amiga Infiel

Mis Hermosos y sensuales lectores, acá tengo el placer de dejarles este cuento escrito por mi profesor Javier García que me ha dado luz verde para publicarlo con mucho cariño y compartirlo con ustedes. Mis saludos a usted Profesor y también a todos los que se toman un rato para visitar y leer mi Blog. ♥



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La última vez que escuché este relato fue hace unos 3 años, por lo que la narración que sigue va llevada de la mano de la memoria, que a veces falla pero a quien no tengo más remedio de encomendar la suerte de lo que leerán a continuación. Habíamos terminado unos mates con facturas. Nita y Emilio no comieron. Para ellos, como para todos los puristas, el mate se toma solo. Gisela y yo, si. Creo que soy purista solo para lo que me conviene, y como el mate amargo va bien acompañado de algún bocado dulce… Luego de pasar por muchos temas de conversación Emilio y yo decidimos ocuparnos de uno de los menos originales para charlar (la política esta primera en esa lista): el futbol. Le toco el turno a la semifinal que en el mundial de Italia 90 jugaron Italia y Argentina en Nápoles. Toda una prueba a nuestra memoria, que superó sobradamente el examen, dando detalles de cuanto ocurrió en la cancha. Debo enfatizar esa última frase “en la cancha” porque a mitad de tanta historia y luego de limpiar bombilla y mate, comenzamos a escuchar un relato de alguien que no vio el partido, pero cuyas imágenes de esa tarde estaban tan claras como las que nosotros guardábamos del encuentro. Nita interrumpió para hacer un relato fascinante, no sé si por la manera en que lo narró, el énfasis que ponía al detalle o si fue porque me estaba enterando lo que ocurría en una ciudad vacía mientras sus habitantes estaban en el San Paolo, pero de este lado de la pantalla. Ella tenía clases de portugués y decidió asistir a pesar de que era miércoles de semifinal…pero prefiero que sea ella quien inicie la historia, usándo a mi memoria como intérprete:

-Yo tenía clases de portugués -Decía sentada en el patio bajo el sauce, mientras recibíamos una brisa fresca a pesar de la severidad del verano santafecino- no sabía si ir, pero me animé y me tomé el colectivo…Rosario estaba solo! -Al llegar a la palabra “solo”, prolongó el sonido de la ele con énfasis- en el colectivo estaba yo nada más. El conductor escuchaba el partido por la radio. Hacia un frio!…!y cuando llegue al instituto, me encuentro con que las clases las habían suspendido. La profesora andaba por ahí y dijo que no estaba de acuerdo con cancelar la clase, pero como no había ido nadie….y era brasileña….Todavía tendría bronca por el partido de octavos… Como la catedral estaba a la vuelta, me fui caminando.

En este punto, todos los oyentes estábamos sumergidos en el relato. Yo sentía que estaba detrás de ella camino a la Catedral. Con la misma claridad con la que nosotros recordábamos el encuentro, ella narraba su tarde de futbol sin partido. Comencé a fabricar en mi mente imágenes de gran fuerza. Nita prosiguió su historia despacio, como ella siempre habla:
-en las escalinatas había un chico con la bandera anudada al cuello y escuchando el partido en su radio portátil. Yo entré (había que rezar). En la catedral había 3 personas. En la plaza (San Martin), nadie…por la radio del chico me entero de que estaban pateando los penales. Después de unos minutos, salí. Me enteré que habíamos ganado porque un montón de gente salió, no sé de donde, y llenó la plaza. Yo tenía que ir en sentido contrario y no podía. Fue cuando un señor me pregunto “¿y usted no está contenta, que no viene con nosotros?” –esa pregunta, como Nita dijo que fue hecha, parecía venir de un niño a quien se le ha negado suderecho a salir a jugar-. “Claaaaro”, le respondí, pero tengo que ir hacia allá (indicaba el lado opuesto al Monumento a la Bandera).

Con mucha tranquilidad y sin sobresaltos en el hablar pero con mucha expresión en el rostro a lo largo de todo el recorrido, concluyó. Creo que nadie preguntó nada durante su relato. No hizo falta. Como si nos fuésemos enterando de todo en el momento justo. Lo cierto es que si bien aquel partido lo vi en compañía de Daniel en la cocina de su casa (dura prueba en una tele de 13 pulgadas, bastante populares entonces), luego de esta historia he cambiado algunas imágenes del pasado, haciendo que también hubiese estado en Rosario esa misma tarde. Mala pasada de la memoria. Después de tantos años me queda la sensación de haber estado en 2 lugares al mismo tiempo. Ubicuidad, se llama eso. Y miren que cambiar el pasado, no puede hacerlo nadie. Quizás las imágenes del pasado, como decía Borges, pero solo con mediación divina. Si es así, esta amiga por demás traicionera parece haber estado en muy buenas relaciones con el altísimo porque he terminado teniendo recuerdos más claros de esta historia que de lo que realmente viví. En dos ocasiones posteriores le he pedido a Nita detalles sobre esa tarde y ha sido en vano porque sigo recordando todo como lo acabo de relatar. Me parece que lo del colectivo no fue exactamente así, y el instituto de idiomas no estaba tan cerca de la Catedral.

Confieso que nunca entendí bien el sentido que tenía este recuerdo inexacto hasta encontrarme con el concepto de García Marquez de la vida, definiéndola no por lo que uno vivió sino por lo que recuerda y cómo la recuerda para contarla. Siendo así, la memoria no nos serviría de nada si fuese rigurosamente fiel. Y pensar en la baja estima en la que tenia a esta amiga tan cercana.





Javier García.

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