sábado, 30 de junio de 2012

Infinito.


Aunque en otros tiempos cuenta una leyenda... lo abrieron, hoy escribo lo que denomino una bitácora de viaje sin regreso, que aunque no tenga uso aparente quizás  algún día sirva para el o la valiente que se aventure...

Hay un baúl que contiene la fuente eterna de la vida, para abrirlo necesitas dos llaves que se encuentran en extremos separados del universo... aunque parezca raro ayer soñé con el camino y como cualquier otra señal que manda corazón contarlo ¡me ganaría un viaje seguro! pero directo al manicomio.

En el ocaso de mi vida, he descubierto que la llave, era su corazón que se lleva cada vez que se va y deja un baúl con la esperanza de engranar en el cerrojo lo que seria mas que una vida eterna, una vida a su lado.

Miles de veces intenté comprender aquel secreto que tan bien guardaba entre las puertas de aquel pecho encendido. Murmuraba al despertar al igual que lo hacía al reposar...ligeramente cuidaba de aquellos sentimientos pulcros pero que a la vez desde el punto de vista del público expectante era una acción absolutamente incorrecta.

En el momento mas inesperado logré darme cuenta que el '¿Por qué?' no valía nada, me inspire al respirar profundo, luche por no caer a la orilla al sujetarme con fuerza de un puente que no sabía quizás a que peligros me podía llevar.

Resultaba que caminaba sobre el peligro mas emocionante, una simple maniobra me pudo haber sacado de allí fácilmente...pero escaparía de aquella emoción, no solo de vivir una nueva aventura hacia aquello que era desconocido, sino también a aquello que conocía muy bien. Sinceramente no se a cual de las dos les temía mas...

Al ver que aquellas simples respuestas se encontraban en caminos contrarios decidí caminar hacia adelante dejando que aquellos dos senderos desaparecieran a mis costados, las respuestas y soluciones mas seguras ahora habían quedado atrás de mi, y en frente solo pude admirar la nada y el todo en un solo lugar.

¿Y el cofre?

Simple...el cofre soy yo mismo.

¿Y las llaves?

Ellas tienen sus caminos, ya saben donde están y para que sirven...yo he decidido hacer mi propio camino, quizás ellas se animen a seguirlo.

¿Y si no lo hacen?

Deben haber mas de dos llaves en este universo que es tan infinito como lo son mis pensamientos.



PD: Siempre hay más de dos opciones...

lunes, 11 de junio de 2012

Hacer hablar a las heridas



Si vemos las cosas desde un punto de vista más abstracto y quizás más dinámico, nos daríamos cuenta de que muchas veces somos incomprendido hasta por nosotros mismos, ya sea por cualquier actuación o reacción. La aptitud puede ser relativa.
Realmente nos sentimos listos para enfrentar a lo que en un momento nos hirió tanto y ser capaces de decirle: “Estoy dispuesto a superarte y en vez de verte como algo que nunca pudo ser, quiero verte como algo que fue lo suficiente.”
Es mucho más que un quizás me sienta mejor, es sentir que somos capaces de saber curarnos a nosotros mismos sin necesitar que otra cosa o persona sirva de gasa. 

Hace mucho tiempo atrás vivía un niño llamado Felipe, él nació en un pueblo rodeado de guerras, pero no guerras entre reinos, sino guerras entre simples vecinos y hasta entre sus propios padres. A raíz de ello Felipe quedó mudo hasta sus 14 años, si, él quedo mudo de miedo. No podía hablar aunque lo intentara, su voz simplemente se había ido, no supo cómo recuperarla pero escuchaba diariamente tantos gritos afuera y dentro de su casa que su mudez lo tranquilizaba. 

Todo en el pueblo era un desastre, todos se odiaban entre sí, no podía creer que eso fuese normal…Felipe menos deseaba hablar aunque sus padres lo quisieran obligar. A la vez el niño tenía miedo de que si hablaba, su voz se convertiría en un grito más entre la multitud, eso lo aterraba y sentía que se decepcionaría de él mismo. 

No encontraba otro lugar donde estuviese en paz  que no fuera en el borde de un acantilado que se encontraba a las afueras del pueblo, que normalmente se encontraba completamente desolado, le encantaba relajarse entre el sonido de la brisa y el silencio de la soledad. 
Un día como otros todos en el pueblo se reprochaban e insultaban, los hombres se golpeaban e insultaban hasta llegar a estados graves.

 Felipe decidió  correr hacia su acantilado y con lagrimas en los ojos abrió los labios, sintiendo como un enorme poder retumbaba contra su garganta hasta revelarse gritando con todas sus fuerzas:

“¡Ya no lo soporto más! Por favor…estoy harto de las peleas, de que todo sea una discusión y que cada vez despreciemos más a nuestro prójimo. ¿Cómo puedo amar a mi familia o amar a mi propia vida si solo escucho gritos sin razón ni sentido? Quisiera que todos por un momento se quedaran mudos al igual que yo, quizás de esa manera todos pudiesen ponerse en mi lugar y comprender que existe algo más que la rabia y el rencor. Resolver nos permite avanzar.”

Felipe simplemente cayó sobres sus rodillas en llanto mientras que aquel acantilado se  tragaba todos sus lamentos y heridas. 

PD: Es importante curar las heridas ya que estas se pueden convertir en cicatrices. Cuando no resolvemos los sentimientos, estos reposan en el tiempo y en los momentos de desesperación todo el dolor que fue reprimido se multiplica y lastima con más fuerza. 
Así que respira, déjalo ir y disfruta del camino. 

jueves, 7 de junio de 2012

Ni las tormentas




Entre una enorme tormenta empieza esta historia, el mar formaba parte de la escenografía principal mientras que el viento azotaba con fuerza las olas que se movían de un lado al otro al tiempo que el cielo oscuro gritaba sin parar. Las luces iluminaban cada detalle de las aguas y entre aquella tempestad un bote luchaba por mantenerse a flote.

Un hombre completamente empapado por las aguas vestía un traje de pantalón negro y camisa blanca toda húmeda mientras que su acompañante en el frente una mujer de cabellos castaños se intentaba aferrar al bote con todas sus fuerzas. El hombre sujetaba los remos decidido ya que su vida dependía de ello. 

La mujer se dedico a ver a aquel hombre con lagrimas de desesperación en sus mejillas seguido de arrastrarse por el pequeño bote hasta llegar al pecho de él, aferrando a su cuerpo con todas sus fuerzas. 

No obstante una enorme y feroz ola abrió sus fauces, tragándose sin compasión a aquellos seres…

A la mañana siguiente a la orilla del mar todo resulta calmado y fresco, la brisa a penas tocaba la tierra con un ligero roce, como una caricia. 

A lo lejos se ve como un hombre descalzo caminaba casi contando sus huellas, mantenía ambas manos ocultas en los bolsillos de su pantalón de lana, sus ojos fijos en el suelo luego se alzaban para darle un vistazo al cielo casi buscando una respuesta.

¿Qué es esto? -Preguntó al aire mientras que se agachaba, tomando con su mano diestra una rosa casi perfecta que se encontraba justo a la orilla.- Que raro que una flor como esta esté en un lugar así. -Susurro mientras que volteaba su mirada al mar mientras sostenía la delicada rosa entre sus dedos.-

¡Oye! -Dijo una voz masculina que se encontraba detrás de él.- Esa rosa es mía. 

El volteo al instante y se encontró con un hombre alto muy bien vestido. Sus ojos se veían brillantes mas su mirada parecía ser iluminada por aquella pequeña rosa. 

¿Puedes darmela? -Le pregunto aun sin quitar los ojos de la rosa, estirando levemente su diestra hacia ella.-

El hombre que había encontrado la rosa miró a su alrededor y vio que no había nadie más, solo eran ellos dos, quizás la rosa si era de él, pero había algo que deseaba conservarla. 

¿Qué pasa si no te la doy? -Pregunto con un tono algo desafiante, pero luego al mirar la expresión de aquel, decidió bajar nuevamente la guardia.- 

El hombre bien vestido le volteo a ver a los ojos y susurro casi en un ruego…

Por favor…


El decidió dársela y aquel extraño hombre la tomo con tanta delicadeza que parecía que se iba a quebrar en cualquier momento. 


Gracias…-Susurro mientras que sin mirarlo le paso por un lado, caminando unos 4 metros lejos de él.-

Un momento más tarde aquel extraño hombre rozó la flor contra su mejilla como si se limpiara una pequeña lágrima, acto seguido de volver a ponerla sobre la tierra. A penas las olas que acariciaban las orillas tocaron el tallo tomándola y arrastrándola hacia el mar. Todo aquello era un espectáculo bastante raro para quien lo observaba. 

De repente una figura empezó a surgir entre las aguas, empezó por su cabeza hasta llegar a su cintura, parecía el cuerpo de una mujer.

El hombre observaba expectante mientras que el joven que había encontrado la rosa sentía que empezaba a entrar en crisis de pánico. Aquella figura empezó a dibujar el cabello en el aire castaño y largo, mientras que un vestido blanco que caía por sus caderas hasta el suelo. 

La misteriosa figura extendió los brazos hacia el hombre que la esperaba y a penas a dar un ligero movimiento de su rostro se observo aquella rosa guindando de su cabellera risada. 

Ambos se tomaron de las manos y luego siguieron caminando después de darse un corto beso en los labios, desapareciendo en el horizonte. 



PD: El amor puede ser capaz de superar cualquier tormenta si es verdadero. 

Es normal tener problemas con nuestras personas amadas, podemos llegar a estar en situaciones críticas pero el verdadero sentimiento es la base para acabar con cualquier obstáculo que se ponga en el camino.