jueves, 10 de mayo de 2012

Azucena




Fácilmente se desplazaba entre los arboles una sombra fina, que se dibujaba sobre cada fondo que se le cruzaba. Agil corria, saltaba y observaba como si escapara de algo o de alguien, viva como la selva su rostro era acariciado por la brisa mientras que su cabello bailaba sobre las ondas del aire. No era una criatura común, su cuerpo parecía de porcelana y quien viera tal espectáculo no podía evitar el sentimiento de miedo ajeno a que aquella preciosa doncella terminara quebrandose en una de sus maniobras; parecía una danza atrevida y a la vez seductora. Sus ropas jugaban con su silueta  mientras que sus piernas calculaban casi el lugar perfecto donde caer. 

Al final de la senda un mar de azucenas blancas, comúnmente llamados 'Lirios' le recibió, dándole a su olfato un regalo con su aroma impregnante. La dama extasiada con aquel paisaje dejó caer su cuerpo sobre este, disfrutando de aquel imponente atardecer que ahora le acurrucaba entre las hermosas flores. Aquel sin duda era un lugar mágico, para llegar a él casi debía jugar su vida ya que aquel bosque donde luchó fuertemente contra varios obstáculos, superando con constancia las pruebas con el fin de comprobar si era capaz de ganarse tal sitio encantador. Ahora serena, recordaba todo por lo que paso echando un ultimo vistazo al sendero que la condujo hacia dicho lugar. Sonrió orgullosa de si misma colocándose de pie con solo un salto, bailando feliz mientras recorría todo el lugar. El río daba esa melodía única que de alguna manera hacia que todo fuera perfecto, parecía no existir aire mas puro.

En un momento todo se detuvo con un suspiro de la doncella, con ambos brazos abiertos miro al cielo cubierto ahora de estrellas dandole la oportunidad de ver mas allá de las nubes que a penas cursaban por la atmosfera. 

Gracias...-Susurro levemente aun sin abrir los ojos, manteniendo aquella sonrisa en sus labios.-

Un fuerte destello escapo de su pecho, ahora cubriendo todo su cuerpo. Todas las azucenas brillaron junto a ella mientras que en cosa de segundos una lluvia de pequeñas luciérnagas cubrieron a la doncella. 

...Todo se calló, el río parecía esperar el momento preciso para volver a correr...

Ahora el mar de azucenas volvía a su estado natural incluyendo a una nueva integrante, brillante con sus pétalos blancos mientras que el rocío les acariciaba con ternura al resbalar lentamente por las hojas. Dos luciérnagas le daban la bienvenida a su nueva forma y sin parar danzaron a su alrededor hasta que el sol se presento nuevamente. 




...Fácilmente se desplazaba entre los arboles una sombra fina...



PD: Nunca sabremos que es lo que realmente nos espera al final del sendero, pero lo importante es sentirse orgullosos de poder ser capaces de cruzarlo aunque algunas veces caigamos y sintamos que no podemos mas...


1 comentario:

  1. Genial! Creo que en general puedo identificar esta historia a mi visión de la vida. Creo que siempre he pensado que la vida, a pesar de que uno quiera resumirla en una meta especial o en una serie de decisiones importantes, a la final se resume en un "amanecerá y veremos". En este caso, nunca sabemos realmente lo que nos espera al final del sendero, así que más o menos concordamos allí.

    De nuevo, genial!

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