miércoles, 16 de mayo de 2012

Federico



Hace mucho tiempo en un pueblo lejano nació un pequeño bebé al que llamaron Federico, con el paso del tiempo su personalidad se fue desarrollando cada vez mas, era un niño dulce que prefería demostrar sus capacidades sin casi pronunciar palabras. Siempre estaba solo mientras que todos sus compañeros jugaban, eso no lo hacía infeliz pero procuraba guardar su distancia de los demás. 

El tiempo siguió transcurriendo y Federico  empezaba a querer socializar un poco más, pero sus compañeros no estaban muy de acuerdo con él ya que les parecía un niño raro, aún así él hacia todo su esfuerzo e intentaba integrarse en los juegos que hacían después de clases en un valle cercano donde una inmensa catarata alimentaba un lecho fluvial de aguas transparentes y frescas; era casi un punto de encuentro mágico. Todos compartían pero siempre llegaba un momento en el que Federico se quedaba solo. 

Un día de nuevo todos reunidos en el valle el niño decidió apartarse y sentarse al pié de un árbol a hacer algunos dibujos, ahora su inspiración era un pequeño conejo que se encontraba a unos dos metros de distancia de él, era completamente blanco y con ojos tan celestes como el agua del cauce. 

-- ¡Hola! -Era una voz tenue, demasiado tierna para los oídos de aquel pequeño.-

Federico se sorprendió sin poder evitar dar un pequeño salto. 

-- ¿Eh? ...Hola -Dijo algo tembloroso, observando luego a la pequeña persona de donde provenía la voz.-

El se quedó quieto como si hubiese encontrado a su nueva musa, su rostro se veia suave mientras que parte de su cabello le cubría la frente con un flequillo, bajando luego hasta sus hombros en pequeños rizos. Sus ojos eran igual de castaños y el leve tono de rosa en sus labios la hacía lucir mucho mas angelical de lo que se le permitía ser a alguien. 

--¿Qué haces? -Le pregunto curiosa intentando ver su libreta, dando un paso hacia el niño.-

--¡Oh!...Nada, no es nada de verdad. -Abrazó su libreta un tanto nervioso, mientras que un tono carmesí se apoderaba de sus mejillas.- No te gustaría...

¿Cómo lo sabes? Yo estoy segura de que si...-Dijo mientras que tomaba asiento en el suelo, acomodando su vestido verde sobre el césped. Le sonreía de manera tierna a la vez que estiraba levemente su diestra hacia él con los dedos extendidos.- 

-Federico observo la pequeña y delicada mano de la niña para después dirigir la vista a su libreta, dandosela al final para mostrarle su dibujo aun avergonzado.- 

--¡Aaah! Pero si es un conejo, ¿Cómo haces para poder dibujar así? -Miraba encantada el dibujo.- 

--Pues...no lo sé solo intento hacerlo como lo veo. -Reía nervioso mientras que pasaba su mano diestra por detrás de su nuca, desviando la mirada.- 

La niña extasiada le pidió que le regalara el dibujo y él sin problemas arranco la hoja de su libreta de cuero para ella. Pasaron las horas y ambos se quedaron conversando hasta que empezó a caer la tarde. Se despidieron y ambos se fueron a sus hogares. 

Federico al siguiente día comento a sus amigos sobre aquella niña pero ellos lo miraron como si hubiese perdido la cordura, en ese momento le comentaron que nunca habían visto a la niña de la que tanto hablaba él. Los niños empezaron a molestarlo en todo momento y al final de la clase el decidió correr a su hogar a ocultarse de todos, deseando no volver a ver a nadie nunca más. 

 Al pasar de los años el se volvió un hombre, ahora con 24 años todo era diferente, logró ser un artista y sus cuadros eran la sensación del pueblo, hasta tenía encargos de pueblos vecinos; pero el solo empezó a pintar lo que imaginaba. Federico se encerró en su casa, no soportaba la presencia de las personas y solo se limitaba a soñar para que su inspiración lo guiara. Tenía una protagonista normalmente en sus cuadros, aquella niña con cara de porcelana. Sus recuerdos se mantenían intactos.

El joven llegaba a sufrir de depresiones a pesar de tener tanto éxito se sentía como una persona extraña incapaz de relacionarse con las otras personas, ya que todos parecían aun así despreciarlo. Un día decidió salir nuevamente después de mucho tiempo dirigiendose al valle, solo con la esperanza de encontrarse a si mismo nuevamente aunque su cuerpo no quería salir de su hogar. 

De pronto se escucho un movimiento entre los arbustos, seguido del silencio. Federico se acercó cauteloso y descubrió de donde provenía aquel extraño ruido. Se trataba de un conejo identico al que había visto hace tantos años atras pero este a los segundos salió huyendo. Federico reacciono imediatamente y empezó a correr sin pensar detrás de aquel pequeño animal esponjoso, al cual perdió de vista al no poder seguirle el paso tan rápido, mas aún así continuo buscando. Al final casi al caer nuevamente el anochecer el joven cansado volvió al valle con la mirada melancólica, pero una nueva sorpresa lo esperaba allí. 

Cuando levanto la mirada no podía creer lo que estaba observando, era la misma niña que le había hablado cuando era pequeño. Lo más impresionante es que ella seguía igual, con su mismo vestido verde, su sonrisa y esta vez con el animal que había estado persiguiendo hace unos momentos entre sus pequeños brazos. Ella le sonreía pero esta vez parecía que se esforzaba en mantenerse así, Federico se acerco a ella para mirarla de cerca.

No, no entiendo nada...-Federico la observaba algo aterrorizado pero curioso a la vez.- ¿Cómo puede ser posible? 

La niña simplemente se acerco a él mirandolo a los ojos mientras que le hacia una pequeña seña para que el se inclinara a su altura. Ella aun sonriéndole posó la palma de su mano sobre la mejilla de él, acariciandole con ternura ofreciéndole luego con los brazos estirados al conejo. 

--Me toca a mi regalarte un conejo...-Dijo en un tono bajo.-

El lo recibió tembloroso mas aun así se mantuvo cerca de ella. Todo era tan extraño que llegaba a un punto en el que dolía...

--¿Era ella un alma, algo que solo yo podía ver? ¿Tanta soledad me estaba volviendo loco? -Se preguntaba a sí mismo. 

--No te encierres más. Yo no puedo volver... -Dijo con tristeza.- Pero aun así...vuelve a este lugar como viniste hoy sin pensar y con una esperanza...No todo es tan malo como parece...en el mundo hay personas grandiosas, no te aflijas solo por una que al final sigue estando aquí -Señala con su dedo indice a el corazón del joven.- Y al final los que te molestan o intenten hacerte sentir mal no son mas que personas que no merecen nada de atención. Cuida del conejo, su nombre es Clavel...

Federico aunque quisiera no podía articular palabra, solo lograba asentir levemente sin soltar al conejo. Todo sucedió tan rapido que cuando se dio cuenta ya la pequeña estaba perdiéndose entre los árboles y la oscuridad. 


--Clavel...-Susurro él mientras que desviaba la mirada hacia el pequeño conejo que ahora lo miraba fijamente a los ojos como si hubiese entendido sus palabras.- 


PD:  Nuestros miedos siempre estarán presentes pero eso no significa que los dejemos ser mas fuertes que nuestros sueños y esperanzas. No permitan que las diferencias nos alejen de la vida o nos encierren en nuestro propio universo. 









1 comentario:

  1. Creo que en esta historia en especial, es fácil tener una interpretación única: en mi caso, creo que veo la historia como que tarde o temprano todos tendremos éxito (no es la palabra, pero no encuentro la que quiero decir) si no dejamos de creer en las cosas que hacemos y queremos. En este caso, Federico seguía dibujando y haciendo las cosas que quería, a pesar de aislarse un poco de sus compañeros, pero a la final terminó siendo un artista y terminaron siendo realidad (al menos para él) las cosas en las que él creyó.

    Así que bueno, como siempre tus historias tienen detalles que me hacen pensar mucho y obtener mis interpretaciones. Eso me aleja un poco de lo cotidiano y suelta un poco mi imaginación. Como siempre, me dan calma y eso es lo que más aprecio.

    Espero que sigas ofreciéndonos historias :)

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